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jueves, 11 de noviembre de 2010

Oración: Enséñame a Adaptarme


Ven Espíritu Santo, porque cuando llueve añoro el sol, cuando hace calor, deseo el aire fresco; cuando estoy solo extraño a mis amigos; cuando estoy con ellos desearía la calma de la soledad. Nunca estoy del todo conforme con la vida.

Ven Señor a sanar a esta pobre criatura insatisfecha, que no sabe adaptarse, que no sabe valorar lo bueno de cada cosa, la belleza de cada momento.

Ven a darme un corazón abierto y optimista, capaz de recibir lo que tú me regalas, cuando tú lo regalas y como tú quieras regalarlo.

Hoy mismo enséñame a valorar el bien de este día así como es, sin exigir otra cosa. Enséñame a entregarme en estas circunstancias que me tocan vivir, y muéstrame que también de esto que me está sucediendo puedo aprender algo, puedo sacar algo bueno.

Ven Espíritu Santo.
Amen
(aporte de Alejandra)

sábado, 23 de octubre de 2010

Oración para Pentecostés


¡Ven, Espíritu Santo, derrama sobre nosotros la fuente de tus gracias y suscita un Nuevo Pentecostés en tu Iglesia!
¡Baja sobre tus Obispos, sobre los Sacerdotes, sobre los religiosos y religiosas, sobre los fieles y sobre los que no creen, sobre toda clase y categoría de personas!
¡Sacúdenos con tu soplo divino, purificanos de todo engaño y de todo mal!
¡Inflámanos con tu fuego, haz que ardamos y nos consumamos en tu amor!
Ensenanos a comprender que Dios es todo, toda nuestra felicidad y nuestra alegria y que solo en El esta nuestra eternidad.
¡Ven a nosotros, Espíritu Santo y transformanos, salvanos, reconcilianos, unenos, consagranos!
¡Enseñanos a ser totalmente de Cristo, totalmente tuyos, totalmente de Dios!
¡Esto te lo pedimos por la intercesión y bajo la guia y la protección de la bienaventurada Virgen Maria, tu esposa inmaculada, Madre de Jesús y Madre nuestra, la Reina de la Paz!
Amen”.

(aporte de Lorena)

¿Por qué los católicos celebramos la Fiesta de Pentecostés?

Originalmente se denominaba “fiesta de las semanas” y tenía lugar siete semanas después de la fiesta de los primeros frutos (Lv 23, 15-21; Dt 16,9). Siete semanas son cincuenta días; de ahí el nombre de Pentecostés (=cincuenta) que recibió más tarde. Según Ex 34, 22 se celebraba al término de la cosecha de la cebada y antes de comenzar la del trigo; era una fiesta movible pues dependía de cuando llegaba cada ano la cosecha su sazón, pero tendrá lugar casi siempre durante el mes judío de Siván, equivalente a nuestro Mayo/Junio. En su origen tenía sentido fundamental de acción de gracias por la cosecha recogida, pero pronto se le añadió un sentido histórico: se celebraba en esta fiesta el hecho de la alianza y el don de la ley.
En el marco de esta fiesta judía, el libro de los Hechos coloca la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles (Hch 2 1.4). A partir de este acontecimiento, Pentecostés se convierte también en fiesta cristiana de primera categoría (Hch 20 16; 1Cor 16,8).

Explicación de la fiesta
Después de la Ascensión de Jesús, se encontraban reunidos los apóstoles con la Madre de Jesús. Era el día de la fiesta de Pentecostés. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escucho un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos.
Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas.
En esos días, había muchos extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban.
Todos ellos, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerzas para la gran misión que tenían que cumplir: Llevar la palabra de Jesús a todas las naciones, y bautizar a todos los hombres en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es en este día cuando comenzó a existir la Iglesia como tal.

La promesa del Espíritu Santo

Durante la Ultima Cena, Jesús les promete a sus apóstoles “Mi Padre os dará otro Abogado, que estará con vosotros para siempre: el espíritu de Verdad” (San Juan 14, 16-17)
Más adelante les dice: “Les he dicho estas cosas mientras estoy con ustedes; pero el Abogado, El Espíritu Santo, que el Padre enviara en mi nombre, ese les ensenara todo y traerá a la memoria todo lo que yo les he dicho” (Juan 14, 25-26)
Al terminar la cena, les vuelve a hacer la misma promesa; “Les conviene que yo me vaya, pues al irme vendrá el Abogado,… muchas cosas tengo todavía que decirles, pero no se las diré ahora. Cuando venga Aquel, el Espíritu de Verdad, os guiara hasta la verdad completa,… y os comunicara las cosas que están por venir” (Juan 16, 7-14).
En el calendario del Año Litúrgico, después de la fiesta de la Ascensión, a los cincuenta días de la Resurrección de Jesús, celebramos la fiesta de Pentecostés.
(aporte de Lorena)

martes, 24 de agosto de 2010

Para Pedir los Dones del Espíritu Santo


Ven, Espíritu Creador, visita las almas de los fieles; e inunda con tu gracia los corazones que Tú creaste.

Espíritu de Sabiduría, que conoces mis pensamientos más secretos, y mis deseos más íntimos, buenos y malos; ilumíname y hazme conocer lo bueno para obrarlo, y lo malo para detestarlo sinceramente.

Intensifica mi vida interior, por el don de Entendimiento. Aconséjame en mis dudas y vacilaciones, por el don de Consejo.

Dame la energía necesaria en la lucha contra mis pasiones, por el don de Fortaleza.

Envuelve todo mi proceder en un ambiente sobrenatural, por el don de Ciencia.

Haz que me sienta hijo tuyo en todas las vicisitudes de la vida, y acuda a Ti, cual niño con afecto filial, por el don de Piedad.

Concédeme que Te venere y Te ame cual lo mereces; que ande con cautela en el sendero del bien, guiado por el don del santo Temor de Dios; que tema el pecado más que ningún otro mal; que prefiera perderlo todo antes que tu gracia; y que llegue un día a aquella feliz morada, donde Tú serás nuestra Luz y Consuelo, y, cual tierna madre; enjugas “toda lágrima de nuestros ojos”, donde no hay llanto ni dolor alguno, sino eterna felicidad. Así sea.
(aporte de Gaby)

jueves, 22 de julio de 2010

Secuencia del Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.

Ven Padre de los pobres,
ven a darnos tus dones,
ven a darnos tu luz.

Consolador lleno de bondad,
dulce huésped del alma,
suave alivio para el hombre.

Descanso en el trabajo,
templanza en las pasiones,
alegría en nuestro llanto.

Penetra con tu santa luz
en lo más íntimo
del corazón de tus fieles.

Sin tu ayuda divina
no hay nada en el hombre,
nada que sea inocente.

Lava nuestras manchas,
riega nuestra aridez,
cura nuestras heridas.
Suaviza nuestra dureza,
enciende nuestra frialdad,
corrige nuestros desvíos.

Concéde a tus fieles,
que en tí confían,
tus siete sagrados dones.

Premia nuestra virtud,
salva nuestras almas,
danos la eterna alegría.

Amén. Aleluia.

miércoles, 14 de julio de 2010

Dones Sagrados del Espíritu Santo


Antes de nuestra oración personal o comunitaria, siempre es conveniente invocar al Espíritu Santo. El gran desconocido, la 3* persona de la Santísima Trinidad, que Jesús nos dejó cuando ascendió a los cielos. Es el Paráclito que quiere decir: abogado, consolador. Es el viento y aliento de Dios, que sopla en nuestras vidas cuando lo invocamos. Es el fuego sagrado que nos ilumina y calienta; y nos comunica siempre con Jesús y con Dios Padre.

Cuando lo invocamos con fuerza y con el corazón, derrama muchos dones y carismas; pero hay siempre que pedir que derrame sobre nosotros los 7 dones espirituales.
Es muy útil, pedir cada día por uno de ellos especialmente, de acuerdo a cada situación que se nos presente.

Sabiduría: para aprender el arte de vivir en plenitud, para tomarle sabor a la vida que nos toca vivir (sabiduría viene de sabor), y tomarle gusto a las cosas celestiales.

Inteligencia o Entendimiento: para comprender las verdades más profundas de nuestra fe, y para entender y discernir cuando Jesús me habla, a través de la palabra o de un eco de la palabra, algún acontecimiento, una persona que se cruce en nuestro camino, durante una oración o durante los sueños.

Consejo: para poder orientar a nuestros hermanos en el verdadero sentido de la vida.

Ciencia: para que podamos ver las cosas de este mundo con ojos espirituales.

Fortaleza: para sobrellevar las situaciones más difíciles de nuestra vida, soportar las imposibles, y mantenernos firmes en la fe.

Piedad: para reconocer el valor sagrado en todas las personas.

Temor de Dios: que no es miedo, para cuidarnos de no ofenderlo jamás.


(aporte de Ronnie)