lunes, 12 de julio de 2010

Discípulos de Emaús

1. Leemos el Evangelio de Lucas 24,13-35

13 Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, 14 y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. 15 Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; 16 pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. 17 El les dijo: - ¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando? Ellos se pararon con aire entristecido. 18 Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: - ¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella? 19 El les dijo: - ¿Qué cosas? Ellos le dijeron: - Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; 20 cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. 21 Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. 22 El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, 23 y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. 24 Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron. El les dijo: - ¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! 26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria? 27 Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. 28 Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. 29 Pero ellos le forzaron diciéndole: - Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado. Y entró a quedarse con ellos. 30 Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 31 Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. 32 Se dijeron uno a otro: - ¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras? 33 Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, 34 que decían: - ¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón! 35 Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo le había conocido en la fracción del pan.


F Orientaciones para la lectura

ð Según el evangelista Lucas, María Magdalena y las demás mujeres que estaban con ella, discípulas de Jesús que lo habían seguido desde Galilea, fueron al sepulcro el primer día de la semana y lo encontraron vacío. Allí, unos ángeles les dijeron: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado”.

Ellas les anunciaron todo esto a los apóstoles, pero a ellos su testimonio “les pareció un desatino y no las creyeron” (Lc 24,1-11).

ð Esta falta de fe es la razón de la desesperanza de Cleofás y del otro discípulo que, tras la crucifixión del Señor, abandonaron Jerusalén y se dirigieron a un pueblo llamado Emáus. El evangelio de este domingo nos sitúa ahí, en ese escenario, como testigos de lo que les pasó a los dos discípulos que huían de Jerusalén.

ð Cuando escuches o leas el evangelio, elige cómo situarte: si como espectador/a de la escena, o como protagonista de la misma, como si fueras un discípulo o discípula que vivió esa experiencia.

ð vv.13-26:

§ Fíjate en lo que se dice de los discípulos, en lo que hacen, dicen y en cómo se sienten.

  • Observa que se van de Jerusalén, según dijo el Señor Jesús: “Todos os vais a escandalizar, según está escrito: ‘Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas’”. Probablemente los discípulos huyen para no correr la misma suerte que su maestro.

  • Van hablando y discutiendo de lo que ha pasado: “Jesús Nazareno, profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante el pueblo, ha sido condenado a muerte y crucificado”. Se sienten defraudados, decepcionados (“Nosotros esperábamos... pero...”). Se sienten tristes y vacíos de esperanza.

  • Reconocen que “algunas mujeres les han sobresaltado” con la noticia de que Jesús está vivo, pero no creen, porque las mujeres y los que después fueron al sepulcro (Pedro), no le vieron a Él.

  • Los discípulos necesitan pruebas, como Tomás. Necesitan ver para creer. Pero sus ojos son incapaces de reconocer a Jesús cuando se acerca y se pone a caminar con ellos.

  • Fíjate en que, cuando Jesús se acerca a ellos, se interesa por sus vidas, por lo que les pasa. Les pregunta, les escucha, y ellos se confían a Él.

ð vv.25-27:

Jesús les recrimina su falta de fe y les explica todo cuanto se refiere a Él en la Escritura.

ð vv.28-31:

  • Cuando llegan al pueblo, Jesús hace ademán de seguir adelante, pero ellos le apremian diciéndole: “Quédate con nosotros”. Y Jesús se queda con ellos. Es el Emmanuel, el Dios-con-nosotros (Mt 1,23), el Dios que cumple su promesa: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).

§ Observa que esa presencia del Resucitado se hace realidad, sobre todo, en la fracción del pan. Sólo cuando Jesús compartió la mesa con los discípulos, como tantas veces había hecho durante su vida terrena, sólo cuando repitió el gesto de la última cena, sólo entonces pudieron reconocerlo como su Maestro y su Señor. Ante el gesto familiar, conocido, se les abrieron los ojos.

ð vv. 32-35:

  • Fíjate en la diferencia que hay en los discípulos al principio y al final del relato, tras el encuentro con el Señor. Los dos han sufrido una transformación: sus ojos ahora pueden ver, su corazón está despierto, asombrado, ardiendo de fe. La palabra del Maestro ha encendido su fuego en ellos, y los que huían, ahora son capaces de levantarse (verbo de la resurrección) y regresar a Jerusalén a dar testimonio. Allí, en la comunidad abandonada, crece la fe al compartirse. Quienes permanecieron, les anunciaron que el Resucitado se había aparecido a Simón. Y ellos contaron cómo le habían conocido en la fracción del pan.

ð Observa que el relato de Emaús es una catequesis eucarística. Lo que les pasa a los discípulos tiene la misma dinámica de nuestras celebraciones Eucarísticas de hoy:

  1. El Señor nos sale al encuentro y “se mete” en nuestra vida para darnos la suya. Quiere que le contemos lo que vivimos, cómo nos sentimos, cómo estamos = Ritos iniciales.
  2. El Señor nos explica la Escritura para iluminarnos y encender nuestra fe = Liturgia de la Palabra.
  3. El Señor parte para nosotros su pan para alimentarnos y crear comunión = Liturgia eucarística.
  4. Quedamos transformados/as en apóstoles, enviados a anunciar el evangelio por todas partes = Ritos de despedida.

2. Meditamos el Evangelio

1. Contempla a los discípulos en el camino: su falta de fe y esperanza, su decepción, su desilusión, su miedo... Ellos consideraban a Jesús como un “profeta poderoso en obras y palabras”. Pusieron los ojos y las esperanzas en ese “poder”, y quedaron confundidos y escandalizados cuando Jesús murió débil y despreciado por los poderosos en una cruz.

· ¿Alguna vez has visto vacilar tu fe porque Dios no ha respondido a tus peticiones, no ha hecho lo que tú esperabas, no se ha manifestado como tú pensabas?

· ¿Alguna vez las “cruces” de tu vida o del mundo te han hecho desesperar de Dios?

· Cuando te sientes abatido o preocupado, ¿le confías a Dios tus preocupaciones con la certeza de que Dios cuida de ti (cf. 1 Pe 5,7)? Así dice el Salmo 55,23: “Descarga en el Señor tu peso, y él te sustentará”.

2. Jesús les explica las Escrituras y los discípulos sienten que arde su corazón mientras le escuchan.

· ¿Lees a menudo la Biblia, en especial los Evangelios? ¿Oras con ellos?

· ¿Has experimentado alguna vez que la Palabra de Dios te ha infundido una fuerza y esperanza que no tenías? ¿Sientes arder tu corazón cuando escuchas el Evangelio en cada Eucaristía?

3. Los discípulos sienten un gran deseo de estar con Jesús y le piden que se quede con ellos.

¿Sientes tú esa misma necesidad de estar con Él? ¿Dedicas, todos los días, un tiempo a la oración?

4. Los discípulos le reconocen presente y resucitado cuando hace el gesto de la última cena: la fracción del pan. Todos los días el Señor, en su Iglesia, en cada Eucaristía, parte el pan para nosotros.

¿Cómo vives ese momento? ¿Es la Eucaristía el principal alimento de tu vida creyente?

5. Los discípulos, antes abatidos y desalentados, se levantan”. La Eucaristía transforma, levanta, alienta, moviliza sus pasos. Sienten la necesidad de contar a Jesús, anunciar lo que han visto y oído.

¿Te sucede a ti lo mismo cada vez que participas en la Eucaristía o rezas?

6. Los discípulos vuelven al lugar donde estaba la comunidad reunida. La Eucaristía crea comunión y comunidad.

¿Te sientes integrado y unido a tu Iglesia, a tu comunidad parroquial?

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